sábado, 21 de mayo de 2016

La vida y el estrés.

Estrés…  un término usado tan cotidianamente hoy en día que hasta parece que se ha normalizado, pareciera que nos hemos acostumbrado a vivir en un constante estrés ante la vida, ante los problemas, ante el futuro… pero realmente ¿qué es el estrés?
Primero es importante recalcar que el estrés es propiedad de las personas, no de las situaciones, es decir, depende de las experiencias y la historia de vida personal, de la forma en que la persona piensa y vive la situación; por ello la variedad de reacciones, lo que le estresa a unos, no les estresa a otros y viceversa.
Entendiendo el punto anterior, podemos desglosar el estrés en un proceso: existe una situación (ya sea del ciclo vital, desastre o catástrofe…)  la cual evaluamos mentalmente. Hay dos procesos para realizar esta evaluación: la evaluación primaria, en la cual interpretamos y definimos si la situación es inofensiva o amenazante. Si es amenazante se lleva a cabo la segunda evaluación, en la cual se hace recuento de las herramientas, acciones posibles, recursos y habilidades que poseemos para superar la situación; si consideramos que no son suficientes, y  la situación sobrepasa nuestras capacidades, nos estresamos.
Las situaciones ante las cuales nos estresamos pueden variar, y dependiendo de esto ocasionar un mayor o menor grado de estrés. Algunas de estas variaciones son: la duración, la gravedad, la predictibilidad, el grado de pérdida de control, el grado de confianza en uno mismo y que tan repentina fue la aparición.
Aunque como ya mencionamos, el estrés es una respuesta personal, hay situaciones que suelen ocasionar un grado alto de estrés y resultar en trastornos postraumáticos, algunas son: accidentes, desastres naturales, guerras, la enfermedad física, la culpabilidad por sobrevivir, entre muchas otras.
También hay transiciones a lo largo de la vida que producen cierto grado de estrés, tales como el nacimiento y el logro de la conexión madre-hijo, el comienzo de la asistencia a instituciones como la escuela, la adolescencia, el ingreso a la universidad, el inicio en el mundo laboral, el matrimonio y los hijos, el cambio de domicilio y la jubilación.
Dependiendo de cómo se evalúen estas situaciones u otras no mencionadas y las acciones que se llevan a cabo, se pueden tener 4 respuestas: la ansiedad de no poder, el enojo y la cólera cuando algo no sale cómo se planeó, la seguridad de “yo puedo con esta situación” y finalmente el no hacer nada. Estas respuestas dependerán de nuestras competencias y hasta del tipo de personalidad que poseemos. Conforme pasen más y más vivencias nos iremos adaptando y dotando de capacidades y herramientas para seguir enfrentándonos a la vida. Sin embargo, también pueden tener efectos sumamente negativos en nuestra salud mental como depresión, estrés post-traumático, ansiedad, suicidio…; así como también podemos somatizarlo y que nuestro cuerpo lo exprese en enfermedades estomacales, dolores de cabeza, fatiga, insomnio, taquicardia, entre muchos otros.
A este estrés negativo se le conoce como distrés, y por el contrario al estrés positivo que nos moviliza en todos los aspectos de la vida y nos lleva a mejorarnos y superarnos, se le llama eustrés.
Finalmente, un término importante en este tema es el de crisis, pues es un punto decisivo dentro de una secuencia de situaciones estresantes y no tener una salida ante esto. Las crisis pueden tener 3 posibles consecuencias: no poder e ir cuesta abajo, quedar en el mismo nivel en el que se empezó o salir adelante y crecer; y es justamente lo que se busca con las crisis, vivir, pensar, evaluar, aprender y poder crecer y desarrollarnos personalmente; que no se caiga en saco roto todo el aprendizaje que hasta ahora hemos acumulado, todas las experiencias que nos han marcado y han definido nuestro actuar. Para ello es importante conocernos, nuestras virtudes, limitaciones y reconocer cuando podemos y cuando no sabemos cómo enfrentarnos a una situación, siempre estará la labor del psicólogo como orientador para trabajar el estrés.  Hay que aprender a interpretar de manera acertada los eventos que vivimos día con día, dotarnos de herramientas y siempre intentar buscar opción a los problemas y pruebas que la vida nos pone.
“Podemos tirar piedras, quejarnos sobre ellas, pisarlas o construir con ellas.”
-William Arthur Ward.

Sofía Patricia Ortiz Ugalde. 

1 comentario:

  1. UNA DE LAS CONSECUENCIAS DE LA VIDA POSMODERNA (ETAPA HISTORICO-SOCIAL EN LA QUE VIVIMOS ACTUALMENTE) ES VIVIR PARA TRABAJAR, NO TRABAJAS PARA VIVIR, SINO AL REVES, "VIVES" PARA PRODUCIR, PARA GANAR DINERO, PARA ESTAR EN CONTACTO CON TUS SERES QUERIDOS A TRAVÉS DE LAS REDES SOCIALES, PERO NO A TRAVÉS DE UN ABRAZO O DE UNA ESCUCHA. ESTE TIPO DE VIDA ¡INCREMENTA EL ESTRÉS!, YA QUE NUNCA HAY TIEMPO PARA LO IMPORTANTE SOLO PARA LO INMEDIATO.
    SER FELIZ IMPLICA TRABAJAR PARA SERLO, SER FELIZ IMPLICA DEJAR DE LADO LO QUE "TENGO QUE HACER" POR LO QUE QUIERO HACER.

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